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Best Practices vs Negocios Dinámicos

26 septiembre, 2010

Un artículo de TEC de hace aproximadamente un mes, nos hace reflexionar sobre la realidad de las ‘mejores prácticas de negocio’. ¿Qué son las ‘best practices’? se pregunta alguien que ha invitado la propia APICS a participar en un debate sobre ‘best practices’. Estoy de acuerdo con el autor en que muchas empresas, al aplicar lo que se llaman ‘mejores prácticas’ (a veces ‘mejores prácticas del sector’), están poniendo en marcha procesos de negocio estándar que otros ya han implantado. Puede considerarse una estrategia de ‘seguimiento del líder’ (permitidme el uso de este término de marketing, que creo que aquí aplica), pero no es una implantación real de mejores prácticas. Siguiendo al autor, partamos de la definición que la propia APICS hace de mejor práctica: “es el conjunto de técnicas, métodos, procesos, actividades u otras acciones que se aplican en negocios y que los hacen más efectivos en la entrega de bienes o servicios”. Y, como dice el autor, ésta definición está en oposición a la práctica innovativa, que es una práctica que aún no ha sido probada por otras organizaciones y que es lo que empuja a mejorar los procesos existentes (la mejora continua, y tal). Y ambas deben estar presentes para permitir la evolución y mejora de una empresa. Por tanto, tomemos las ‘best practices’ como punto de partida, como referencia o benchmark, sí, pero no olvidemos que hay siempre que innovar para mejorar.

Los procesos, o mejores procesos, o mejores prácticas, son el corazón de cualquier negocio, lucrativo o no lucrativo, público o privado. Y basados en la premisa de que deberíamos estar siempre mejorándolos para que sean cada vez más eficientes y eficaces (y con ellos nuestro negocio), cuando vamos al departamento de IT chocamos con la, muchas veces, cruda realidad de la rigidez del sistema de gestión: ¿cuántas veces hemos tenido que tener en cuenta el calendario de cambios al ERP para poder poner en marcha un nuevo circuito, una mejora en un proceso, el lanzamiento de un nuevo producto, una nueva promoción comercial? Siempre que este calendario de cambios, de desarrollo de modificaciones, no sea nuestra principal restricción temporal, no deberíamos preocuparnos. Pero a veces lo és y se convierte en una barrera para nuestra propia empresa. O no es dífícil pero es caro en términos económicos, y nos dispara el retorno de la inversión. Los negocios más dinámicos, necesitan de sistemas de información y gestión tan dinámicos como ellos, y, muchas veces, son conceptos casi opuestos: “Una buena infraestructura de IT, no sólo permite los cambios en el negocio, sino que favorece una mayor, más rápida y ambiciosa innovación“. El link no deja de ser ‘marketing’ de un producto, pero nos plantea otra vez la necesidad de implementar arquitecturasSOA (EDA, CoDA, etc) para facilitar el cambio sin que se nos disparen los costes ni los tiempos de implantación.

Concentrarnos en nuestro negocio real y no dedicar esfuerzos innecesarios a las tareas de soporte del negocio, ha sido históricamente un argumento utilizado para mover a las compañías hacia la utilización de compañías de servicios externos y la implantación de sistemas estándares en IT. ¿Es el camino correcto?. Externalizar no siempre ha sido la opción más barata, y muchas veces se ha comparado en términos de valor absoluto con otros tipo de soluciones desarrolladas a medida para cada caso. Si se hace así, y no se tienen en cuenta factores temporales (¿Cuánto tiempo neceistamos para poner en marcha un desarrollo ‘a medida’?) o de facilidad en la implementación de cambios, no vamos bien. En otras áreas de negocio no dudamos en contratar empresas externas, como las brigadas de limpieza o las campañas publicitarias.

Al imaginarnos qué necesitamos para agilizar nuestro negocio, para darle un soporte tecnológico -en todos sus aspectos, productivos, creativos, comerciales, de gestión del negocio- tenemos que ser ambiciosos e imaginativos, partir de la base empresarial de la continuidad del negocio, de su perdurabilidad más allá de las personas, y de las necesidades que irá encontrando a lo largo de su existencia para adaptarse a los nuevos escenarios que la economía y la creatividad comercial le exigirán para perdurar y hasta para crecer (incluso crecer sin límites), que nos permitan incorporar continuamente mejoras en nuestras ‘best practices’. Invertir en un sistema que no se haga viejo con el tiempo, que sea fácilmente evolucionable, que sea sencillo de adaptar en el hardware y en el software, es el desafío que deberíamos plantearnos en algún momento de nuestra carrera como ejecutivos al frente una compañía. Es en este entorno en el que aparecen con sentido conceptos como Cloud Computing (más allá del Outsourcing tradicional y que nos debería dar libertad en la dimensión de las infraestructuras),

SaaS (modelos de contratación de software que nos liberan de la rigidez tradicional), SOA (arquitecturas que nos permiten la modificación ‘sencilla’ de los sistemas de información para adaptarlos a nuevos procesos de negocio) y OSS (entornos de trabajo abiertos que favorecen la aparición de comunidades de desarrolladores que incorporan continuamente mejoras en el software, aunque últimamente esto no está tan ligado a innovación como nos podíamos esperar).

Finalmente, tener en cuenta la integración de las redes sociales en nuestros procesos de decisión: conocer mejor los mercados, la opinión de nuestros clientes objetivo, participar en las redes de nuestros competidores para saber más acerca de lo que los consumidores/usuarios opinan sobre ellos y sus productos. Y aplicar la realidad aumentada cuando tenga sentido, no sólo como divertimento creativo de las agencias publicitarias, o reclamo online para turistas ‘digitalizados’, equpados con iPhones o iPads, o equivalentes Android y tablets, sino como una forma de mejorar realmente procesos de negocio como los departamentos de mantenimiento de las empresas industriales, los servicios de diagnóstico y cirugía de los hospitales u otros muchos casos susceptibles de su incorporación.

Dicho todo esto, durante toda esta entrada al blog no he podido quitarme de la cabeza todas esas compañías que siguen planteándose los sistemas de información como un coste necesario para el funcionamiento del negocio y que, cuando les hablas de cambiar te contestan que sus sistema actual, que fue implantado hace diez años, o incluso más, les sigue sirviendo para la gestión del día a día. Postura más que respetable, pero que transmite falta de ambición e inquietudes y, en consecuencia, te hace preguntarte ¿qué futuro les espera a estas empresas?.

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